"Me estoy matando de a poco"
me pareció escuchar que susurraba a lo lejos
una voz familiar.
Es que según parece
hace un tiempo se conocía
y reconocía entre la gente,
pero ahora hasta para ella misma
solo es alguien mas.
Fue matando
con la matutina campanada del reloj
la observación de la particularidad
de cada mirada.
También murió, y no por casualidad,
la paciencia, la armonía y sobre todo,
la confianza.
Poco a poco
fue ocultando eso que la hacia especial.
No se sabe que día bajó la cabeza,
lo que si se, es que no la volvió a levantar.
La rutina y el cansancio fueron fundamentales.
El día a día no merecido
saca lo peor de todos,
mata cualquier singularidad personal
y oscurece toda mirada
transformándola en superficial.
Sale el sol, nace un día
y por la noche muere una parte de ella.
Muere en silencio,
mata a los gritos.
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